“Así es si así os parece” (Pirandello)

La Real Academia Española define a la coherencia como una “actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.” Todas las organizaciones -públicas o privadas- son un sistema, y por lo tanto, tienen una relación de mutua dependencia con sus públicos y el medio ambiente en el que funcionan. Hay una interacción natural y espontánea a diario, lo que significa que constantemente las organizaciones están enviando y recibiendo mensajes. 

El problema nace cuando esos mensajes no son planificados o van en contra de las acciones de la empresa. Esa incoherencia es percibida por los públicos y afecta la imagen.

Las organizaciones que se destacan y posicionan frente a la competencia son aquellas que entienden que son de color amarillo y no naranja, y en base a eso determinan qué mensaje quieren y deben enviar, y a través de qué canales, para contar de la mejor manera por qué son amarillo y todas las bondades que traen consigo. 

Pero esto no es un proceso que se puede ejecutar del día para la noche. 

Conocerme para comunicar

Las organizaciones, como cualquier ente, fueron evolucionando con el paso de los tiempos. Sino pensemos en Charles Chaplin y su famosa película “Tiempos Modernos”. Hace más de 100 años las empresas tenían un único propósito: producir más a un menor coste. Era un trabajo mecanizado con una comunicación unilateral, descendente e imperativa para con los empleados. Y la sociedad, sus públicos externos, permitía eso porque no sentía que tenga injerencia alguna.  

Pero eso es cosa del pasado (¿o no?). Todas las organizaciones tienen y deben ser pensadas y entendidas como un ente con una cultura propia, con valores, inmersa en una sociedad que le exige un diálogo constante.  

Y acá gana su protagonismo la comunicación. En orden de poder establecer relaciones con sus públicos (tanto internos como externos) la organización debe primero conocerse y definirse: ¿soy amarillo o soy naranja? 

¿Cuándo fue la última vez que realizaste un diagnóstico de tu propia organización? ¿Qué tipo de personalidad querés que tenga? ¿Cómo querés que sea percibida? ¿Cuáles son tus públicos? ¿Cuáles son tus objetivos y por qué elegís comunicarlos así? 

El error más común es definir estas respuestas por separado y no como un todo. 

Corresponde pensar a la comunicación como un espiral, donde el principio y el fin están conectados. Responder estas preguntas y trabajarlas como una totalidad, son el primer paso -y tal vez el más importante- para generar coherencia y credibilidad. 

Este espiral significa un labor de investigación y planificación constante; la marcación del sendero a recorrer en los próximos años.

Crecer y asentarse en este contexto tan dinámico no es para todos. Solo van a sobrevivir aquellas organizaciones que apuesten a un trabajo a conciencia, que entiendan cómo generar la coherencia entre el decir y el hacer. 

Vamos a hablar 

Cómo dijimos, la investigación y la planificación son solo el comienzo. Son los cimientos de un proceso largo. 

Las organizaciones están comunicándose todo el tiempo, incluso sus silencios dicen mucho. Debe existir un diálogo pero no a cualquier precio. No a todos tus públicos se lo vas a comunicar de la misma manera o a través de los mismos canales. 

Tiene que haber un mensaje pensado con anticipación y que se lo pueda adaptar a cuantos canales (on y offline) sean necesarios. 

Es una apuesta a futuro salir de las zonas de confort y entender que el medio también es el mensaje. En una época de mucho ruido y pocas nueces, si entendes el valor de una comunicación bien pensada, entonces tenes una verdadera oportunidad al alcance de tus manos para superarte y destacarte frente a tu competencia. Una imagen coherente sostenida en el tiempo se transforma en la reputación, y ese es el mayor patrimonio que cualquier organización puede tener.

Lic. Andrea Santamarina Torres
Área de Comunicación