“La palabra es el espejo de la acción”

Solón de Atenas

Comenzamos nuestro día de trabajo con un café en una de las manos y en la otra un smartphone que nos transporta a perfiles de personas y empresas. Deslizamos nuestro inicio, y nos detenemos en una imagen que ha captado nuestra atención. Miramos un poco más y hay algo que no nos gusta, entonces abandonamos el perfil, y volvemos al inicio, nuevamente. 

¿Se han preguntado cuántas veces al día hacemos esto? No creo que se pueda siquiera contabilizar, sin embargo como especialistas del rubro, deberíamos entender que esa acción tiene una lógica, tiene un fundamento que estamos ignorando. 

Aquello que al principio llamó nuestra atención puede que estéticamente se vea muy bien, incluso es probable que haya activado en nosotros una necesidad. Y si bien fue exitoso ese primer “flechazo” tan bien pensado por el área de Diseño y/o Community Management, el proceso de comunicación no termina ahí. Es solo el comienzo. El verdadero juego comienza cuando, al retener al usuario en los distintos canales, se trabaja para poder alcanzar el objetivo particular de cada marca (vender, lograr una subscripción, generar engagement, etc.).

Y qué desperdicio de tiempo y posibilidades para nosotros, como marca, si al lograr captar la atención de un potencial cliente le ofrecemos a priori exactamente lo mismo que ya vio en el perfil de la competencia. 

La vorágine del día a día nos arrastra y nos hace olvidar de los cimientos sobre los que estamos parados: la palabra. Exacto. Tan simple como la premisa de que somos seres sociales y que en nuestro día a día, la palabra y la comunicación son indispensables para vehiculizar cualquier propuesta de valor que, al final del día, es lo único que puede marcar la diferencia. Ahí se encuentra la clave. ¿Cuál es esa propuesta que le contamos al usuario para que nos elija? ¿Qué tan presente está al momento de crear piezas gráficas o audiovisuales para las plataformas on y offline? 

Sin un equipo que coordine por detrás una estrategia real de comunicación, es muy difícil que el usuario comprenda cuál es el sentido de esa imagen que se nos apareció a las 8.01 cuando comenzábamos el día.  

Estamos hechos de palabras. No hay nada nuevo en eso. Pero qué difícil es comprenderlo e interiorizarlo. Los verdaderos casos de éxitos en la publicidad tienen en sus cimientos a los artesanos del lenguaje, que han hilado fino y que transmiten renglón a renglón la esencia de una marca, mucho más allá de lo que muestran nuestros productos tangibles. 

¿No somos nosotros acaso, en nuestra ausencia física, la reconstrucción en palabras que ha hecho alguien más? ¿Queremos ser la placa armoniosa colgada en un feed o las palabras calando hondo en la mente de alguien?

Eugenia Fernanda Valdez
Community Manager